El molino de viento de Cazadores

Molina de Las Rosas, Agüimes l Foto: Francisco Suárez Moreno

Juan Ignacio López Martel nació en Cazadores el 31 de julio del año 1903; era miembro de una familia con siete hijos, originarios de este barrio cumbrero de Telde. Así, aun siendo un niño quedó huérfano de padre y madre debido a la alta mortandad motivada por la epidemia de gripe española, que asoló el archipiélago canario entre 1918 y 1920.

Por tal motivo, Juan Ignacio embarcó para Cuba con solo catorce años, en 1917, en compañía de dos tíos, quedando sus seis hermanos en Cazadores a cargo de diversos familiares que tuvieron que asumir la crianza de estos menores.

«La gripe de 1918, conocida como «gripe española», provocó que Gran Canaria sufriera un gran número de contagios y fallecimientos con respecto a otras islas, sobre todo por su puerto marítimo, recibidor constante de vapores comerciales y trasatlánticos».

Marcos Marrero Santana, Universidad de Granada, 2022.

Al cumplir los 20 años, estando todavía en Cuba con sus dos tíos, Juan Ignacio solicitó su incorporación al servicio militar con la intención de regresar a Canarias para reencontrarse con su familia, a la cual no veía desde hacía seis años.

De esta manera, Juan Ignacio arribó al Puerto de la Luz en el año 1921, donde a los pocos días se incorporó a filas, siendo acuartelado en La Isleta. Asimismo, según el testimonio de su hija Adelina López Santana, desde este cuartel militar en Las Palmas de Gran Canaria, iba los fines de semana con permiso de pernocta hasta Cazadores para visitar a sus hermanos y familiares.

Lorenzo Galván Rivero (1900-1999), con su primer bisnieto. Año 1976 l Foto: Antonio Galván Pérez.

Al finalizar el servicio militar, Juan Ignacio regresó a Cuba. Fue en esta etapa de su vida, con más de veinte años, cuando se asocia con Lorenzo Galván Rivero, originario de Tenteniguada, con el cual compra un carro tirado por animales para dedicarse al transporte de la caña de azúcar.

Esta actividad económica fue común en las plantaciones que ocupaban los grandes cultivos de la zona central y oriental cubana, en la cual residían miles de canarios que cruzaron el atlántico para huir de la miseria, acentuada tras la finalización de la Primera Guerra Mundial.

De tal forma, las ganancias de este trabajo les permitieron a ambos socios ahorrar el dinero suficiente para regresar a Gran Canaria, e instalar conjuntamente una carpintería en este barrio perteneciente al municipio de Valsequillo.

Ya por aquel entonces, Lorenzo Galván, mayor de edad que Juan Ignacio, era reconocido por ser un buen carpintero.

Fue así como Juan Ignacio conoció en Tenteniguada a quien sería su esposa, Julia Santana González, con quien se se casó en 1925. Curiosamente, Julia también había sido emigrante a Cuba; de hecho, había regresado al archipiélago cuando tenía 12 años, en compañía de su padre y sus tres hermanos. La decisión de retornar a Canarias la tuvo que tomar su padre, nacido en la Vega de San Mateo, cuando enviudó mientras residía en la isla caribeña.

Una vez casados, Juan Ignacio López y Julia Santana se fueron a vivir a Cazadores, lugar en el cual se dedicaron a las tareas agrícolas, hasta que en 1938 se decidieron a instalar una molina de viento en el lugar conocido como “La Gollá”, en referencia a la degollada, por ser ésta una ubicación idónea para esta industria que requiere el paso constante de viento.

Fue así como este matrimonio, con ayuda de Lorenzo Galván, construyó el único molino de viento, según la tipología Romero, del cual haya constancia en la comarca rural desde el Valle de los Nueve hasta Cazadores.

Juan Ignacio López (1903-1992) y Julia Santana (1907-1988) l Foto: Adelina López Santana

La población de Cazadores fue productora de granos destinados al consumo humano, hasta mediados del siglo XX, con predominancia del trigo y de la cebada, debido a las condiciones climáticas favorables a estos dos cereales. La producción del millo de secano, aunque también tuvo lugar en esta pedanía de las cumbres de Gran Canaria, no resultaba tan productiva debido a que este cereal requiere de unas tierras con mayor profundidad, donde la simiente encuentre la humedad necesaria para que germine en buenas condiciones.

Por tal motivo, la producción de trigo de gofio para el consumo humano de la población de Cazadores era mayoritario en comparación con otros cereales. Tal es así, que, según narra Adelina López Santana, hija de Juan Ignacio López y Julia Santana, su padre se veía obligado a venir a Telde a buscar millo para elaborar gofio. Para ello, debía realizar el duro esfuerzo de subir varios sacos de millo, de 50 kg. cada uno, a lomos de burros hasta Cazadores, por el camino hacia la cumbre. En los años de la posguerra, la carretera solo estaba construida hasta el Lomo Magullo; de hecho, el tramo de La Breña hasta Cazadores se terminó de construir en 1965.

Cazadores, año 1955. Fuente: Visorgrafcan. 1.- Flecha azul: molino de La Gollá. 2.- Círculo azul de la derecha: antigua escuela. En frente, camino que baja a la galería de agua del Blanquizal. 3.- Ermita original de Cazadores, restaurada en 2014.
Vista aérea de las casas de la Gollá, Cazadores. Año: 2025. Fuente: Visorgrafcan.

La Gollá o Gollada fue el lugar elegido por Juan Ignacio y Julia para instalar su molino de viento.

La ubicación es la idónea pues el viento pasa de una vertiente a otra, desde el norte al sur, justo por este degollada, a la entrada del barrio de Cazadores.

La instalación del molino se corresponde con la vivienda donde se encuentra esta pared blanca, con una puerta peatonal intermedia.

La Gollá o Gollada. Vivienda del molino. Detrás, vivienda con tejado, antigua escuela de Cazadores l Foto: Baltasar Medina
Recreación con IA del molino de Cazadores en la Gollá. l Foto original: Baltasar Medina.

Partes de la molina

La molina de Cazadores tenía seis aspas con lonas, unidas a un eje horizontal de hierro que movía una corona de transmisión. Esta pieza dentada tenía además el mecanismo del freno que se accionaba con una palanca que el molinero tenía dentro de la estancia.

El eje central vertical baja hasta llegar a la piedra superior del molino, que gira gracias a la rotación que le imprime para que triture el grano contra la piedra fija de abajo.

El grano cae desde la tolva, a la cual se sube el molinero por una pequeña escalera de madera, cargando a hombros con el saco de granos.

Debajo de las piedras se encuentra el pivote del eje, gracias al cual toda la estructura del molino gira en dirección al viento cuando el molinero desea moler.

Fuente: Francisco Suárez Moreno.

Hoy día sabemos que esta industria molinera funcionó desde 1938, año de su construcción, para elaborar gofio para los vecinos de Cazadores. Los cuales accedían a la puerta del molino por la parte opuesta a la carretera general, para traer a lomos de sus burros el grano para moler.

Tras varios años de actividad de esta molina, un temporal de viento sur derribó dos de las patas de la estructura del molino, junto con varias de sus seis aspas, hacia la carretera y el barranco de Los Cernícalos. Este triste suceso, dio lugar a que la molina quedara inoperativa durante un tiempo. Al parecer, según cuentan los vecinos, posteriormente, este molino se reconstruyó y Juan Ignacio se lo cedió a Domingo Martel Martel, vecino de Cazadores, que lo explotó durante la década de 1940, hasta que fue abandonado definitivamente a mitad del siglo XX.

Agradecimientos

A Adelina (Layita) López Santana, hija de Juan Ignacio y Julia, por querer contarme su historia familiar.

A Manuel Navarro López. Vecino de Cazadores, nacido en La Majadilla, Barranco de los Cernícalos, en 1942 y fallecido en Cazadores en 2026, apenas unos meses después de conocerle.

A Antonio Martel Caballero, y a su familia, por su amabilidad para charlar un rato en su tienda.

A Dori, nieta de Lorenzo Galván, en agradecimiento por la información sobre su abuelo.

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