En el último tercio del siglo XIX Canarias incrementó su valor estratégico con respecto a las comunicaciones entre Europa, África y América.
Por tal motivo, hubo varios intentos fallidos de instalar un cable telegráfico submarino desde la península ibérica, para unir Cuba y Brasil; para ello, era imprescindible usar el archipiélago canario como plataforma. En este sentido, cuando se aprobó la primera Ley de Telegrafía en España, de 1855, se redactó una memoria en la que ya se manifestaba el interés por extender el cable telegráfico eléctrico hasta Canarias.
De hecho, hubo que esperar hasta 1883 para el ver el comienzo de la instalación del cable entre Cádiz y Canarias. Su ejecución tuvo lugar el 19 de septiembre de dicho año, partiendo dos buques desde el Reino Unido con escala en Cádiz con rumbo sur, por encargo del gobierno español, con la intención de realizar el estudio de los fondos marinos entre ambas orillas. Así, el vapor cablero Dacia y el buque bautizado International, realizaron una ruta marítima, por separado, en zig-zag entre Cádiz y Canarias para cartografiar la plataforma oceánica.

Finalizado el estudio de ambas embarcaciones en octubre de 1883, se instaló el cableado submarino para unir en primer lugar Cádiz con la playa de Antequera, en Anaga. Posteriormente, se instaló el cable entre Tenerife y Gran Canaria. A esta última se hizo llegar el cable a la zona de El Confital, en la bahía de Las Palmas de Gran Canaria.
Fue así, que en 1886 ya funcionaba el cableado telegráfico por tierra, sostenido por postes de madera paralelos a la carretera general, que unía en aquel entonces la capital grancanaria con Telde. Para la puesta en marcha de esta operativa de comunicaciones civiles se creó una oficina telegráfica en la calle León y Castillo, 33, del barrio de San Juan.

Curiosamente, en este mismo sentido y debido a los intereses de Francia por conectar este cable con sus colonias africanas, desde la Playa del Médano, Tenerife, el gobierno galo financió su extensión bajo el mar hasta San Louis y de allí, por tierra, hasta Dakar (Senegal).

La estación radiotelegráfica de Taliarte
Pasado el tiempo, con el avance tecnológico, se comenzó a extender entre los países más avanzados de Europa la comunicación telegráfica sin cables. En este orden, Canarias continuaba siendo un lugar de especial relevancia para las comunicaciones marítimas, habida cuenta de los intereses económicos de las compañías inglesas, que dominaban el tráfico marítimo comercial en aquel entonces. Asimismo, la confrontaciones bélicas entre las naciones atizaban el interés oculto de éstas en mejorar la comunicación a larga distancia entre sus flotas y los puestos de mando en tierra.
Así fue que la estación de radiotelegrafía de Taliarte (oficialmente nombrada como “de Melenara”) se inauguró el 27 de noviembre de 1911, tras un año de múltiples gestiones políticas y administrativas que concluirán con su puesta en servicio, según se concluye de lo publicado en la prensa local.
“Han marchado para Telde con objeto de hacerse cargo de la torre de 1º clase de la telegrafía sin hilo establecida en Melenara, el representante de la Compañía Marconi y el director de la Compañía Eléctrica, Sr. Dantine” (Diario de Las Palmas, enero de 1911).
Con posterioridad, el 9 de marzo del mismo año, este mismo periódico publicaba: “la semana próxima quedará definitivamente terminada en las playas de Melenara la estación para la telegrafía sin hilos”.
Con ello, finalizaba la construcción de toda la infraestructura necesaria para poner en marcha este servicio de comunicaciones que, además, estaba especialmente vinculado al tráfico marítimo del puerto de la Luz. No hay que olvidar que este muelle ya pujaba por convertirse en lugar de referencia obligatoria para las embarcaciones que navegaban cerca de la costa africana. Así, la telegrafía sin hilos se convertiría en un avance tecnológico del cual presumían las navieras de pasajeros que disponían del aparataje de telegrafía a bordo, tal como se constata en su publicidad de principios del siglo XX.

Sobre la importancia que fue tomando la conexión marítima de los barcos con las estaciones de tierra, por medio de la telegrafía sin hilos, la profesora de la ULPGC, Marta García Cabrera, constata en su tesis doctoral, publicada en 2020: “las agencias como Marconi, Reuters, Wireless Press establecieron en las islas nuevos flujos de comunicación directos, convirtiendo al archipiélago en una zona de gran interés para la radiotelegrafía internacional. Los servicios (mensajes) enviados desde la estación inglesa de Poldhu, las alemanas de Nauen y Norddeich y las francesas de Lyon y la Torre Eiffel, alcanzaban las estaciones de Santa Cruz de Tenerife y Melenara”
Lo cierto es que la estación de radiotelegrafía de Taliarte funcionó durante casi dos décadas, con algunos períodos de inoperatividad debido a problemas técnicos, hasta que fue clausurada en 1930. En este año se inauguró una nueva central denominada: “Estación de Transradio de San Lorenzo”, ubicada en el barrio capitalino al que dio el nombre de “Las Torres”. Se da la circunstancia histórica que cuando se inauguró esta nueva estación, San Lorenzo era un municipio independiente de Las Palmas. Así, tras su anexión forzosa en 1939, juntos pasaron a conformar el actual término municipal de Las Palmas de Gran Canaria.
Tras su clausura, esta instalación teldense dejó de tener su función, y las cuatro antenas fueron desinstaladas en febrero de 1935. En cambio, el edificio fue abandonado y el deterioro de su infraestructura formó parte del paisaje de Taliarte hasta 1975, año en que fue derruido coincidiendo con las obras de construcción del cercano “Centro de Tecnología Pesquera de Taliarte”.

La ubicación de la estación radiotelegráfica de Taliarte, tras el desarrollo urbanístico y la construcción de su muelle, queda explicada en la siguiente imagen. Siendo la distribución de las cuatro torres coincidentes con el espacio que ocupa actualmente el centro educativo: Liceo Francés Internacional de Gran Canaria. En cambio, el edificio que ocupaba la estación se ubicaría hoy día junto a la rotonda interior del propio puerto de Taliarte.

Puntos rojos: ubicación de las 4 torretas, hoy día sobre el Liceo Francés Internacional de Gran Canaria. Rectángulo azul: edificio de la estación telegráfica, sobre el acceso al muelle deportivo. En color verde, edificio original del Centro Tecnológico Pesquero de Taliarte
Características de la Estación de Radiotelegrafía de Taliarte

El Anuario Comercial de Canarias Orientales de 1914, describe la denominada estación de Melenara: “estaba formada por cuatro torres metálicas de 75 metros de altura y un grandioso edificio”.
Según esta publicación, la comunicación telegráfica con Cádiz y Barcelona se establecía mediante un cableado de onda larga: “del vértice de estas torres pende una antena constituida por 15 hilos metálicos horizontales de más de 155 metros de longitud, los cuales van a reunirse a un aislador especial que les da entrada en la sala de aparatos”.

La magnitud del inmueble construido para albergar los aparatos requeridos para la comunicación telegráfica, y sobre todo, la altura de las cuatro torres supuso un cambio para el paisaje de Taliarte, prácticamente despoblado a principios del siglo XX.
Por otro lado, para la transmisión con otros destinos, como la estación telegráfica de Tenerife y los buques cercanos al litoral se establecería comunicación mediante onda corta. Esta conexión dependía de la infraestructura de cuatro hilos verticales que llevaban la señal a un aislador específico, instalado dentro de una de las dependencias del edificio.
Se daba la circunstancia de que la mayoría de los buques de la época disponían de una limitación de unos 400 kilómetros de distancia con la estación receptora. Por ello, la comunicación con la navegación se establecía desde Taliarte mediante el sistema de onda corta, con las embarcaciones que se aproximaban a las costas canarias.

La distribución interna del edificio de unos 400 metros cuadrados se caracterizaba por una separación en diversas salas en función de los usos. Así, en una sala se encontraba la gran batería de energía que surtía a esta estación. La energía necesaria para el funcionamiento de la estación provenía de un motor de vapor, y no de uno de combustión del gasoil, como se generalizó posteriormente a lo largo del siglo XX. Esta circunstancia conllevaba la necesidad de traer cargamentos de carbón mineral vía marítima hasta Taliarte, el cual era almacenado en unas dependencias específicas.
La propulsión generada por el motor de vapor iba destinado directamente a la generación del fluido eléctrico, así como para la recarga de la citada batería, que surtía de energía a la estación cuando no actuaba directamente el propio motor de vapor.
En segundo lugar, en la sala contigua se encontraban las grandes bobinas de autoinducción, los condensadores, transformadores, etc., que componían todo el aparataje que Marconi había patentado para la transmisión de las señales. A esta sala se le conocía con el nombre de “sala de alta tensión”.
Por otro lado, la tercera sala estaba destinada a la ubicación de los aparatos manejados directamente por los radiotelegrafistas, tales como el propio aparato Morse para la recepción de señales escritas, el teléfono, los cuadros de distribución y otros necesarios para el proceso de recepción y envío de los cables de comunicación.
BIBLIOGRAFÍA
- Anuario comercial de Canarias orientales. (1914).
- Https://pellagofio.es/patrimonio-cultural-de-canarias/atalayas-de-hogueras-al-ver-piratas-al-telegrafo-de-la-armada/.
- Jiménez Martel, G. (1998). La estación radiotelegráfica de Melenara. Guía histórico cultural de Telde.
- Jiménez Martel, G. (2004). La red telegráfica eléctrica en Telde. Guía histórico cultural de Telde.
- Pérez Jiménez, R. (2020). La llegada del telégrafo a Canarias.
- Pérez Jiménez, R. (2020). Tesis doctoral: “Los orígenes de las telecomunicaciones en Canarias (1880-1936)”. Universidad de La Laguna.
- Pérez Jiménez, R. y Quintana Navarro, F. (2019): “Conectando el Atlántico: la radiotelegrafía en Canarias durante el período de entreguerras”.
- Revista: “Telegrafía sin hilos”. Año 1. Nº1. noviembre de 1911.





