La operación Pilgrim y la costa de Telde

Simulación de un cañón Krupp similar al que ocupaba estas piezas de artillería. Taliarte l Foto: Darío Medina de Saá.

La realidad es que el gobierno español ofreció su apoyo logístico y militar a Hitler; mientras, Gran Bretaña, por su parte, temía perder Gibraltar si España colaboraba con las potencias del Eje para tal fin. El valor estratégico de este emplazamiento era vital para la Royal Navy, pues suponía el control de acceso marítimo al Mediterráneo y su conexión con África. Para compensar esta posible pérdida territorial, Churchill encargó a su alto mando militar diseñar la ocupación del archipiélago canario.

“Las planificaciones británicas, que se sucedieron una tras otra entre 1940 y 1943, con nombres en clave como Operación Chutney, Puma, Pilgrim y Tonic, estipulaban especialmente la captura de Gran Canaria a través de desembarcos en la costa sur y este de la isla”.

Marta García Cabrera, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ULPGC, 2023.

La razón de la elección de Gran Canaria para una supuesta invasión inglesa se debió principalmente que la isla disponía del puerto marítimo de la Luz y del aeropuerto de Gando, vitales para el tráfico marítimo y la aviación. Además, esta ínsula ocupaba un lugar estratégico para los intereses comerciales del imperio británico y sus colonias africanas.

Debido a su ubicación geográfica, el ejército británico decidió que uno de los lugares idóneos para realizar un desembarco era la costa de Telde. No en vano, en la documentación recabada sobre la operación Pilgrim, las huestes de Jorge VI asignaron nombres en clave a las playas del municipio: Epson a La Garita y Edward a Melenara y Playa del Hombre.

Hitler y Franco se reunieron en Hendaya, el 23 de octubre de 1940 l Foto: Heinrich Hoffmann.

Asimismo, el ejército de los Estados Unidos encargó informes militares de Canarias a principios de la II Guerra Mundial, como el denominado “Survey of the Canary Islands” (1941), a pesar de que había confiado a los ingleses el control militar de esta zona del Atlántico. En este sentido, la costa teldense se incluyó entre los puntos estratégicos de cara a una posible intervención por parte de los aliados.

Por otro lado, la propaganda inglesa y alemana distribuida por sus colonias en las islas Canarias, jugó un papel fundamental en la contienda bélica, en especial en Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Los residentes extranjeros de ambas naciones, formada mayoritariamente por familias de empresarios, comerciantes y agentes consulares, estuvo destinada a convencer a la población local de los intereses de cada uno de los dos bandos en guerra. No en vano, determinadas personalidades anglófilas y germanófilas hacían las funciones de espías civiles para sus gobiernos, a los cuales enviaban periódicamente informes detallados sobre la situación socioeconómica y política de la población canaria, mediante la valija de sus respectivos consulados. En el caso de los británicos este papel lo hizo, entre otros, el propio cónsul de Las Palmas en 1940, Gerald Miller, el cual era además un reconocido comerciante, nieto de Thomas Miller, que desde mediados del siglo XIX se dedicaron inicialmente al comercio, entre otras mercancías, de tejidos de su tierra natal, Escocia, y hacia cuyos puertos partían cargamentos de cochinilla, papas, tomates y plátanos del archipiélago.

Croquis de la costa de Telde elaborado por el Departamento de Guerra de los EE. UU. (1941). Fuente: Juan José Díaz Benítez.

Además, la familia Miller se enriqueció con la venta en el puerto de la Luz del carbón traído de Cardiff, para la combustión de los motores de los barcos que atracaban en la capital.

Por su parte, la colonia alemana en Canarias durante la II Guerra Mundial era menos numerosa e influyente que la británica. En Gran Canaria se estimaba en unos 350 alemanes, los cuales residían mayoritariamente en barrios de clase alta de Las Palmas de GC, Tafira y Santa Brígida. Así, destacaron en su papel como activos propagandistas del gobierno nazi, el empresario y cónsul de Las Palmas, Walter Sauermann, y el vicecónsul alemán, Harald Flick. Ambos apellidos vinculados con posterioridad a la venta en Canarias de automóviles de fabricación alemana.

Ante la sospecha de esta posible invasión inglesa a las islas Canarias, el ejército español fortificó sus costas desde principios de la década de 1940.

“El desembarco sería realizado en la bahía de Gando, desde donde se avanzaría hacia el norte para capturar la ciudad de Las Palmas de GC. Por tal motivo, se construyeron múltiples nidos de ametralladoras que todavía hoy se pueden observar diseminados en las playas de Telde, destinados a unidades de artillería que pudieran repeler la incursión marítima”.

José Juan Díaz Benítez. ULPGC, 2000.

Nido de ametralladora semienterrado en la Punta de Salinetas. Detrás, el polígono industrial l Foto: Darío Medina de Saá.

Actualmente, algunos de estos nidos para uso militar se han reconvertido en miradores, junto a la avenida peatonal que une las playas de este municipio.

Mirador construido sobre un nido de ametralladora en la avenida de Taliarte. Al fondo, escalera de la playa de Melenara hacia Clavellinas; a su izqda. hubo un nido similar, ahora convertido en otro mirador l Foto: Darío Medina de Saá.

El riesgo de la operación Pilgrim era tan real que, además de la construcción de búnkeres diseminados por toda la costa teldense, el Mando Militar de Franco decidió instalar una batería de artillería pesada, formada por cañones de largo alcance con un sistema de telemetría anexo para el cálculo del lanzamiento de proyectiles, sobre la montaña de Taliarte. Fue así como el mismo lugar que hasta entonces ocupaba el yacimiento arqueológico, se reconvirtió en enclave de artillería.

Batería militar de Taliarte: casamata, cuartel, cañones y un telémetro

Instalaciones de la batería militar de Taliarte. Actualmente, coincide con el espacio geográfico alrededor de Playa del Hombre. Círculo 1: Casamata. Círculo 2: Edificio de acuartelamiento. Círculo 3: telémetro y cañones de artillería. Círculo 4: Proyector de luz. Fuente: Visorgrafcan.

La batería militar para la defensa de la costa de Telde, instalada en Taliarte entre 1941 y 1942, formaba un conjunto de baterías defensivas de la costa de Gran Canaria, al sur de la capital, junto con las instaladas en la costa de Arinaga y en Gando. Aunque su ubicación actual se corresponde con Taliarte, fue denominada “Batería de Melenara”, y codificada de manera secreta “H12” por el ejército.

El diseño y ejecución de la obra corrió a cargo de ingenieros alemanes que se desplazaron a Gran Canaria para supervisar su construcción. Así, según lo planificado por el mando militar español, se dotaría a la costa teldense de una estación de artillería de unos 25.000 metros cuadrados, dispuesta sobre la loma de Taliarte para repeler la invasión marítima por parte del ejército aliado en la II Guerra Mundial.

El destacamento militar destinado a este emplazamiento costero estaba formado por 37 hombres. Estos se distribuían a razón de 8 militares en cada uno de las tres piezas de artillería, y 4 en la estación de telemetría. El resto se ubicaba en la casamata y en los servicios necesarios del edificio de acuartelamiento, donde comían y dormían.

La Casamata

Era un edificio construido para almacén de las piezas de repuestos de la batería. Tenía un sótano cavado bajo la planta principal, dentro del cual se guardaban los repuestos claves para el mantenimiento diario. En este edificio estaban destinados militares con conocimientos técnicos para renovar, engrasar, pintar, etc., toda la maquinaria bélica que componía esta batería.

Su ubicación actual se corresponde con el solar anexo al lado sur de la estación depuradora de aguas de Hoya del Pozo. Actualmente, la casamata es un edificio destruido, del cual apenas quedan restos. A pesar de esto, a continuación se presenta una foto aérea de la zona en 1955, donde se puede observar perfectamente.

Círculo 1: Casamata. Círculo 2: edificio de acuartelamiento. Círculo 3: casa particular de Eladio Betancor, entre la playa de Hoya del Pozo y playa del Hombre, propietario de gran parte de estas tierras y cultivos de tomateros aledaños. Fuente: Visorgrafcan, 1955.

Edificio de acuartelamiento de la sección de artillería

La batería militar de Taliarte requería de un edificio en el cual los oficiales y soldados podían comer, dormir, asearse, descansar, etc. Este inmueble fue concebido como un punto estratégico intermedio, entre la casamata y el lugar donde se ubicaban los cañones, y desde aquí partían cada mañana los turnos de guardia hacia los puestos de guardia.

La distribución interna de este acuartelamiento era de la siguiente forma: en el ala izquierda de encontraba el dormitorio y las dependencias exclusivas del capitán de artillería. En el ala central del edificio se encontraba la puerta de entrada principal, con orientación hacia el Este. Además, este lado tenía ventanas, y estaba destinado al dormitorio del destacamento de soldados. El ala sur se reservó para la armería (fusiles, pistolas, etc.), así como a la oficina destinada al teléfono y telecomunicaciones.

En la parte trasera había un cocina, baños y una dos pilas para beber agua.

Edificio de acuartelamiento de la batería de Taliarte. Actualmente en estado ruinoso, con las puertas y ventanas tapiadas desde 1980 l Foto: Baltasar Medina.
Vista aérea del edificio de acuartelamiento. Detrás se observa la habitación destinada a la cocina. Por contra, en la parte delantera, se observan dos cuadrados grandes, antiguos ajardinamientos, y una aljibe para agua potable con capacidad para 8 mil litros. Fuente: Visorgrafcan.

Estación telemétrica y piezas de artillería

Esta batería dispone de cuatro búnkeres construidos en hormigón, de los cuales el más alejado de la costa albergaba la estación telemétrica y en los otros tres se instalaron una pieza de artillería con un cañón cada uno.

Estación telemétrica de la batería militar de Taliarte. A la izqda., península de Gando l Foto: Darío Medina de Saá.

La distancia entre la estación telemétrica y la pieza de artillería más cercana es de 50 metros, y de 100 metros entre los tres cañones, los cuales fueron ubicados en zig-zag para evitar ser destruidos fácilmente con un simple bombardeo en hilera de la aviación enemiga.

La estación telemétrica constaba de un edificio bunkerizado, de 12 metros de largo y 5 metros de ancho, ubicada a unos 67 metros sobre el nivel del mar. Esta estación, destinada al puente de mando de esta batería militar, albergaba el telémetro, de unos tres metros de largo, modelo “López Palomo”, útil para calcular a cuánta distancia y angulación deberían disparar los proyectiles hacia los barcos enemigos. Dentro de este edificio se encontraba el militar de mayor rango de la batería, normalmente, un capitán, además de un soldado encargado de las comunicaciones con el resto de los miembros de la batería, el telemetrista y su ayudante.

Las tres piezas de artillería estaban compuestas por un búnker hormigonado. A cada uno de éstos se entraba por medio de una rampa inclinada, ubicada a unos 20 metros de distancia del propio búnker.  Una vez que los soldados accedían a la parte subterránea, podían desplazarse por los pasillos estrechos hacia las diversas dependencias.

Entrada subterránea a la pieza de artillería nº3 de Taliarte. Foto: Darío Medina de Saá.
Entrada subterránea a la pieza de artillería nº3 de Taliarte l Foto: Darío Medina de Saá.

Cada una de las tres piezas de artillería disponía de una superficie central de 8 metros de diámetro, en la cual se instaló un cañón Krupp de artillería, modelo SK/40 del calibre 170 milímetros, modelo 1902, cuyo peso por unidad ascendía a 23 toneladas. Este armamento de fabricación alemana fue inicialmente instalado en la flota germana de la Primera Guerra Mundial y reutilizado con posterioridad como artillería terrestre.

Asimismo, debajo de cada pieza de artillería se cavaron una serie de dependencias destinadas a los soldados, así como para almacenar la munición, compuesta por proyectiles de 63 kg. capaces de ser lanzados a una distancia de 22 km. de distancia, impulsados por la llamada “pólvora sin humo” y accionados por un estopín, que inflamaba la carga de fuego.

Según los testimonios recabados, la munición se almacenaba en los sótanos de cada búnker, y dos soldados se encargaban de colocarlos sobre una plataforma elevadora que los subía hasta la planta alta para que fueran usados en los cañones.

Vista aérea de la batería militar de Taliarte con la estación telemétrica y sus tres piezas de artillería. Imagen: Juan José Díaz Benítez.
Vista aérea de la batería militar de Taliarte con la estación telemétrica y sus tres piezas de artillería lImagen: Juan José Díaz Benítez.
Fuente: https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/operacion-pilgrim-britanicos-gran-canaria

El proyector de luz

Debido a la necesidad de iluminar el mar de noche para visualizar la costa en caso de que se produjera una invasión nocturna, se ubicó un potente proyector de luz en el mismo lugar donde hoy día se encuentra el faro de Taliarte.

Desde esa posición, dos soldados ponían en marcha un proyector orientado hacia el mar, gracias al cual el telémetro podía calcular la distancia y angulación de tiro.

En esta batería de artillería estuvo en funcionamiento hasta el año 1966, fecha en la cual los cañones fueron vendidos como desguace por 25.000 pesetas de la época, y la estación de telemetría fue desmantelada. Después de 24 años en activo, solo se llegaron a realizar simulacros con fuego real cada año aproximadamente.

Actualmente, estas construcciones de hormigón han quedado como testimonio de la operación Pilgrim, que nunca se llevó a cabo.

Canarias: enclave estratégico del Atlántico en la II Guerra Mundial

La familia alemana Krupp, radicada en la ciudad de Essen, era la propietaria de la empresa homónima que fabricó armamento militar desde el siglo XIX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para surtir al ejército de su país.

Con la llegada al poder de Hitler en 1933, el principal dueño de esta industria, Gustav Krupp, donó un millón de marcos alemanes al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) presidido por el Führer, a cambio de que éste aprobara una serie de leyes en favor de los intereses del citado empresario y presidente de la Asociación de Industriales Alemanes. Fue así como se consolidó una relación interesada entre Gustav Krupp y Adolf Hitler: el primero se convertiría en el principal apoyo logístico para el rearme militar del mandatario, que ya ambicionaba iniciar la gran guerra.

Al finalizar la II Guerra Mundial, tras los juicios de Núremberg por parte del Tribunal Militar Internacional contra los dirigentes del ejército nazi, se celebró el llamado: “Juicio Krupp”. En este proceso judicial celebrado entre 1947 y 1948, el hijo de Gustav, Alfried Krupp, propietario de la compañía desde 1943, fue condenado a 12 años de prisión y a la confiscación de sus bienes por emplear en su industria a prisioneros de guerra capturados por las tropas de Hitler, así como a presos de los campos de concentración nazi.

Gustav Krupp recibe la medalla de oro del NSDAP en 1940 de manos de Adolf Hitler l Foto: Heinrich Hoffmann.

La connivencia entre los mandatarios de Alemania y España a principios de la década de 1940 motivó que el armamento Krupp de principios del siglo XX, destinado a los buques alemanes en la I Guerra Mundial, fuera reutilizado en España.

Por tal motivo, según pactaron Hitler y Franco, los cañones instalados en la batería de Taliarte, fabricados entre 1900 y 1910 en la fábrica de Essen, fueron donados por el líder nazi ante la amenaza de la invasión británica a las islas Canarias. A cambio, y al margen de otros acuerdos entre ambas partes, los submarinos alemanes, denominados U-Boote, pudieron repostar combustible en los puertos canarios durante la II Guerra Mundial.

“El 15 de agosto de 1939 el agregado alemán en España recibió instrucciones para preparar el abastecimiento de submarinos alemanes en los puertos españoles”.

José Juan Díaz Benítez, ULPGC, 2018.

Astilleros de la empresa Woermann Line Ltda.  Puerto de la Luz. 1934 l Foto: Fedac.

Así, los puertos canarios también sirvieron de abrigo para estas operaciones de repostaje desde buques nodriza a los U-Boote del Tercer Reich. En el caso del puerto principal de Gran Canaria, la persona de confianza para llevarlas a cabo era Walter Vogel, gerente de la consignataria Woermann Line Ltda., con sede en la calle Albareda de la capital, encargada de abastecer a los buques germanos que navegaban rumbo a sus colonias africanas o al sur de América.

“En tres noches consecutivas del 3 al 5 de marzo de 1941, los submarinos alemanes U-124, U-105 y U-106 tomaron provisiones, aceite y combustible del buque de abastecimiento, denominado Corrientes, dentro del puerto de la Luz”.

José Juan Díaz Benítez, ULPGC, 2018.

Además, otra prueba de este tránsito bajo las aguas canarias es el caso acontecido el 6 de abril de 1943, en el cual el U-Boote nazi U-167 se hundió apenas a cinco kilómetros del faro de Maspalomas, tras ser alcanzado por el fuego enemigo de aviones británicos.

Para finalizar, queda constancia de este tipo de operaciones militares secretas en las costas canarias por el testimonio de personas mayores de Telde. Según sus declaraciones, hoy día sabemos que residentes en la zona de La Pardilla informaron al descatamento de artillería de Taliarte, de un hecho puntual acontecido en la década de 1940. Lo cierto es que soldados alemanes desembaron por la costa de Bocabarranco provenientes de un submarino. Se desconoce el motivo de esta incursión en la costa teldense, pero el caso es que al menos uno de estos militares llegó a ser acogido temporalmente en el cuartel de artillería descrito en este artículo.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Díaz Benítez, J (2000): “Pilgrim y la defensa de Gran Canaria durante la II Guerra Mundial”. Anuario de estudios atlánticos; nº46.
  2. Díaz Benítez, J.J. (2018). Submarinos en Canarias durante la II Guerra Mundial. Anuario de Estudios Atlánticos, nº65.
  3. García Cabrera, M. (2023). Información operacional para una guerra internacional: la inteligencia militar norteamericana y la descripción de las islas Canarias. Anuario de Estudios Atlánticos; nº 69.
  4. García Cabrera, M. (2023). La colonia alemana en Canarias durante la segunda Guerra Mundial (1939-1945).
  5. Miller, B. (2021) La saga canaria. La familia Miller en Las Palmas (1824-1990). Documento digitalizado ULPGC.

Agradecimientos

A Toni Villegas, gran compañero de profesión docente, por mostrarse siempre dispuesto a ayudarme.

A Pedro Blanco, teniente de artillería jubilado, informante clave para la elaboración de este artículo. Por su amabilidad y buena conversación.

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