El drago, símbolo de la flora canaria, está también presente en las islas de Cabo Verde y Madeira.
Desde el punto de vista paisajístico uno de los dragonales más interesantes de Telde se encuentra en El Gamonal, dentro del Campo de Volcanes de Rosiana. Así, en la hacienda agrícola que ocupa este lugar permanecen en pie en la actualidad solo dos ejemplares de dragos, de un conjunto que conformaba en el pasado un precioso dragonal. De hecho, según los testimonios de personas que han vivido en esta zona, en El Gamonal hubo al menos cinco ejemplares; siendo que el último que se secó se mantuvo con vida hace apenas unos años.
Al parecer, según cuenta una persona que nació y se crió en este lugar, cuando se realizaron las labores de sorriba de esta finca a principios del siglo XX, varios dragos fueron arrancados usando yuntas de toros, que amarradas al tronco de estos árboles con sogas los derribaron, con la intención de destinar estas tierras para el cultivo de secano.


La belleza de este ejemplar de drago, dracaena draco, y el volcán del Melosal, es el motivo de la imagen que conforma el encabezado de esta web: El Abrevadero.
Foto: Baltasar Medina.
El ejemplar de mayor porte de drago, de los dos que aún perviven en El Gamonal, muestra una figura perfecta, cuya majestuosidad es digna de admiración. La fortaleza de su tronco, así como la distribución homogénea de su ramaje indica que este ejemplar puede tener varios siglos de existencia.

El drago es un árbol de crecimiento lento que suele lograr una altura cercana a los 10 metros, y un porte formado por un tronco que se ramifica en su parte superior, formando una copa con una morfología cónica inversa. Su hábitat original se encuentra en las medianías insulares, en convivencia con el palmeral, a una altitud aproximada sobre el nivel del mar hasta los 600-800 metros.
El valor botánico e histórico del drago se debe a que, desde tiempos de los aborígenes canarios, su savia o resina rojiza, denominada “sangre de drago”, era usada como remedio curativo para enfermedades, cicatrizante y cuidado de las encías bucales; incluso, se llegó a destinar para otros usos, tales como la producción de barniz.
Del valor de este producto natural en el comercio entre los antiguos habitantes de Canarias y los navegantes que se acercaban a sus costas, dejamos constancia en esta cita:
“Los canarios les llevaron higos y sangre de drago que cambiaron por anzuelos y hierro viejo y por navajas y recogieron sangre de drago que valía más de doscientas doblas de oro”.
Crónica de la conquista de Canarias: “Le Canarien”.
Autores: Pierre Boutier y Jean Le Verrier, a principios del siglo XV.

Asimismo, existe otra variedad del drago en Gran Canaria en peligro de extinción, cuyo nombre científico es: Dracaena tamaranae. Este endemismo insular habita encaramado a los riscos de Fataga, Tejeda y La Aldea. Hoy día apenas existen menos de cien ejemplares, según ha publicado recientemente: “Gran Canaria. Biodiversidad singular” (Editorial del Cabildo de Gran Canaria, 2025).
Por último, su morfología y belleza lo convierten en un símbolo botánico de nuestra flora. Para conocer más sobre esto, puedes ver esta entrevista a Isa Santana, bióloga del Jardín Botánica Viera y Clavijo.

Agradecimientos
A Isa Santana, por su ayuda y disponibilidad para grabar el vídeo de este artículo. ¡Gracias, Isa!





